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CARMEN JARA, (Bibliotecaria).
Esta sección se ha creado con la intención de dedicar un homenaje a las gentes de nuestro pueblo que, unas veces anónimamente y otras puede que con mayor trascendencia pública, han ido escribiendo las páginas de nuestra historia.
Queremos dar a conocer las vivencias que estas personas han tenido y que, con toda seguridad, nos ayudarán a conocer un poco mejor nuestro pueblo y a sus vecinos porque de una u otra forma, la existencia de cada uno de ellos está íntimamente ligada con la de otros, formando un tejido en el que los hilos que lo conforman son todos los que han vivido o vivimos en Ceutí.
José Antonio Ayala
(Boticario)
La persona que hoy nos ocupa en esta sección es D. José Antonio Ayala Hurtado, boticario de Ceutí. Nacido en 1913, D. José Antonio goza de una envidiable salud y me recibió en su casa junto con su esposa.
Este hombre que ejerció su profesión durante más de cincuenta años, heredó de su padre la farmacia que éste había fundado en 1901 y que primero estuvo, durante 15 años, en la calle Clavijo, para pasar después a la calle Maestro Martínez, en el lugar que todos recordamos. Durante el tiempo que duró nuestra conversación apareció muchas veces la figura de su padre. Es inevitable ya que la unión de ellos era muy grande, no sólo por el vínculo familiar, sino también por la profesión que padre e hijo compartieron.
D. José Antonio es uno de los once hijos habidos en el matrimonio de D. Francisco Ayala Lorente y Dª Presentación Hurtado Vilches. De estos once hijos, tres murieron siendo muy niños y una de las hermanas murió durante la guerra siendo aún muy joven. El resto de los hermanos han gozado de una longevidad extraordinaria.
Su madre, Dª Presentación, valenciana de nacimiento, llegó a Ceutí muy jovencita para desempeñar su función de maestra y fue así como conoció a D. Francisco, el boticario. Recuerda D. José Antonio las miserias y estrecheces que pasaron de niños porque eran muchos y ninguno de sus progenitores ganaba entonces lo suficiente para llevar una vida regalada. A pesar de todo, recuerda su infancia con agrado. Hizo de monaguillo, tocando las campanas y ayudando en la iglesia y ya estaba, con apenas cinco años, echándole una mano a su padre en la rebotica. Recuerda las tertulias interminables que se producían en ella entre los que podríamos llamar las fuerzas vivas del pueblo: el alcalde, el cura, el boticario y otros personajes relevantes de la época.
Llegado el momento y para ahorrar gastos, Dª Presentación se marchó con los hijos a Valencia para que allí pudieran estudiar. Ella siguió ejerciendo su profesión en esta ciudad, mientras los hijos realizaban sus estudios. D. José Antonio se licenció en Física y Química. El resto de los hermanos también hicieron carreras de diferente índole: médico, maestro, profesor de instituto, profesor de música, etc. Además, como buena valenciana, su madre despertó en todos sus hijos el amor a la música ya que ella misma sabía solfeo. Parece que en un momento dado, nuestro boticario iba a encaminar sus pasos hacia la enseñanza de no haber sido por la guerra que truncó este camino para siempre. Me cuenta que estando en Madrid presentándose a las oposiciones para profesor de Física y Química y teniendo ya los dos primeros exámenes aprobados, se produjo el comienzo de la Guerra Civil y la suspensión de las oposiciones. Después del paréntesis de la guerra, se preparó la carrera de Farmacia aquí en Ceutí sólo asistiendo a los exámenes en Madrid.
D. José Antonio se casó en 1956 con Fina Florenciano Pérez y han tenido cinco hijos, uno de los cuales, Pepe, ha continuado con la saga familiar de los farmacéuticos. Durante muchos años compartieron la farmacia D. Francisco y D. José Antonio y ya a finales de los años cincuenta, ésta pasó a ser únicamente del hijo. Su mujer le apunta que fue cuando tuvieron a su primer hijo.
El trabajo de una farmacia en la actualidad nada tiene que ver con el que su padre y él conocieron. Antes, los médicos mandaban a los pacientes a la botica con un papel en donde iba escrito la preparación (fórmula magistral) que debía hacer el boticario. Así que todas las preparaciones eran artesanales. Horas y horas necesitaban estar en la rebotica para tener a punto todos estos ungüentos, pócimas, pomadas, etc. D. José Antonio me cuenta anécdotas de la profesión como por ejemplo que las botellas de vidrio eran tan raras antiguamente que las de alcohol o de agua oxigenada, por ejemplo, estaban muy solicitadas y la gente se pasaba por la farmacia de vez en cuado para ver si tenía alguna vacía para que se la diera. Los nombres de los remedios y preparados de entonces también son graciosos, por ejemplo el de “Ungüento del Soldado” para las ladillas, la pomada con azufre Hermerich para la sarna. Parece que tenía mucho éxito una crema cosmética que, tanto su padre como después él, hacían y a la que llamaban Coldcream, que era una crema rosa con productos aromatizantes y que venían de otros pueblos de alrededor las mujeres para comprarla. El algodón, lo compraba en paquetes de kilo y luego extendiendo éste en la mesa del comedor y habiéndose lavado muy bien las manos previamente, hacía paquetes de 5 ó 10 grs. para venderlos.
En el cuarto de estar donde se desarrolla esta conversación hay una preciosa foto en la que se le puede ver a él junto a sus padres y hermanos. Es una foto que fue hecha por Vicente Gadea, del que dice que era un gran fotógrafo. Me cuenta otra anécdota sobre la foto y es que aunque en ella aparecen en el suelo unas losas, estas no existían en realidad, las pintó el fotógrafo para darle más belleza.
La conversación con D. José Antonio y su esposa, que hizo de interlocutora para facilitarme la comunicación con su marido debido a su problema de oído, fue muy agradable y cargada de las anécdotas vividas por una persona que, por sus muchos años y por su profesión, es un referente en nuestro pueblo.
ARCHIVO:
 
Mariano Cano (Dirigente de IU-LV de Ceutí)
Pascual Lorente (Alcalde de Ceutí)
Manuel Hurtado García (Ex-Alcalde de Ceutí)
José Antonio Ayala (Boticario de Ceutí)
Ramón Jara Gil (Sacerdote)
 
 
 
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